
Hay momentos en la vida en que llegas a creer en la perfección, pero el tiempo es amigo de las realidades pero enemigo de los sentimientos. Al final nos muestra que nunca existió tal cosa. Aquello a lo que tanto admiramos, llegado un momento comete errores, y por mucho que intentes evitarlo, no te esfuerces, los cristales rotos no se componen de nuevo.
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